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Ene 29, 2020
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“CUANDO EL PIBE MURIÓ, MORIMOS OTRO POCO COMO SOCIEDAD”.

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Destacamos emocionantes palabras y reflexion de un amigo y excelente persona. El escritor y periodista villanovense Adrian Demichelis, se refirió sobre el hecho criminal conocido por todos sucedidos recientemente.

El pibe estaba tomando un helado, nada de bardo, tranqui. Sentado en el umbral. Saboreando los gustos que había pedido. Nada de otro mundo. Esperando a los amigos que quedaron adentro del boliche o a la novia o quizás por mandarle un mensaje a la vieja y de repente la trompada criminal lo desvanece.

Esa piña cobarde, ladina, sin avisar, por la espalda. Como el mismísimo mundo cuando nos enseña a escalar posiciones pisando cabezas. Esa piña, de un asesino bien alimentado y con todos los dientes derechitos. Después, cuando nada podía hacer el pibe, otro criminal le deja las zapatillas marcadas en su rostro y la vida se esfuma. Lo que estaba vivo, ya no respira. Una sola patada y los sueños, los abrazos, los amores, los te quiero se fueron para siempre. El de la patada, es también el sistema que exige pegarle en el suelo al caído, que no importa si no pone las manos. Aseguralo y después vemos.

Cuando el pibe murió, morimos otro poco como sociedad, podemos decir que fueron los 10 y estamos de acuerdo. Que tienen que pagar y es lo que mas deseo.

También debemos mirarnos un poco, todos los que fuimos tristes testigos, bien adentro y hacer que esto no sea solo una muerte mas, que el pibe nos ayude a aprender. Para que la próxima vez que le digamos a nuestro nene de 3 años, si te pegan en la guardería pegale, no lo hagamos, estamos enseñando violencia. Cuando nuestros hijos de 10 nos miren correr por todos lados a un arbitro y tumbarlo de una patada en el medio de una cancha de fútbol infantil o el deporte que sea.

Estamos enseñando violencia. Cuando permitamos a los políticos robar porque hacen, también es violencia. La próxima coima al “cana” de transito, también les enseñamos violencia. Cuando nuestros hijos no respetan a los mayores y no le decimos nada o les hacemos creer que son los reyes, también estamos meando afuera del tarro. Los de la piña y la patada fueron ellos, reverendos cobardes asesinos, pero nosotros algo tuvimos que ver. Ojala que los medios que todo lo venden, no se olviden y sigan este caso hasta el final. Que los jueces que todo lo compran, sean los mas justos y rigurosos posibles. Que nosotros que todo lo sabemos, aprendamos. Que los asesinos que todo lo evaden, paguen. No se cual será la pena máxima, solo sé que lo único perpetuo es el dolor de lo padres… El pibe estaba tomando un helado, nada más.

Por Adrian Demichelis
Escritor y Periodista Deportivo
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Deportes · Sociedad
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